sábado, 25 de febrero de 2012

Historias en Blanco y Negro ( 2 )




Visitando mi ciudad natal, cedí a la petición de mi madre de ir a ver a una amiga suya internada en el hospital. Estando en la habitación de la enferma, se acercó a mí una de las enfermeras y me pidió si podía ir a ver a un anciano sacerdote que estaba muy grave. Sin indagar más me despedí de la amiga de mi madre y me dirigí a terapia intensiva donde estaba mi hermano en el sacerdocio.

Al entrar fue muy grande mi sorpresa pues aquel anciano sacerdote, ciertamente muy grave, era el sacerdote que me había bautizado. Estaba inconsciente. Me presenté a la persona que lo cuidaba y se echó a llorar cuando le dije que yo había sido bautizado por aquel sacerdote.

Y me dijo: “Padre… el Señor Cura supo de su ordenación sacerdotal allá en Europa, y decía que no quería morirse sin ver a su hijo sacerdote, pues él le había engendrado a la fe por el agua del bautismo”. Y allí estaba yo ungiendo y presentando al Señor a ese siervo fiel que me había regalado la gracia que ahora me permitía a mí bendecirlo.

Este hecho ha marcado mi vida sacerdotal, pues yo también estoy llamado a engendrar a la vida de fe a muchos por el bautismo, pero más aún por mi forma de vivir la fe. No sé cuántos de los que yo he bautizado haya llamado Dios a servirle, pero desde entonces, cada vez que me presento un niño en la pila bautismal hago una petición en mi interior: “Que el día de mañana, Señor, uno de ellos me ayude a ir a tu encuentro”.

José Rodrigo López Cepeda, MsPs
Guadalajara (México)

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